martes, 5 de febrero de 2008

Síntoma

Una tarde apacible, a inicios de otoño, Rafael creyó que había llegado el momento. Pensó y repensó lo que iba a decir, corrigió en su mente algunas palabras, cambió el orden de ciertas frases…
Cuando se sintió listo, tomó coraje e invitó a su mujer a sentarse en el patio. Estaba fresco. El discurso que tenía preparado se le esfumó cuando ella lo miró con curiosidad, sin ansiedad. Buscó, alterado, el borrador imaginario, intentó recordar los ensayos previos, pero no hubo caso. Páginas en blanco eran sus pensamientos.
Hay otra, dijo.
Victoria, su mujer, lo miró con asombro. Atinó a sonreír nerviosamente, y no habló.
Rafael comprendió las implicancias de lo que había dicho cuando sintió que su mundo comenzaba a derrumbarse con lentitud. Tenía enfrente la columna donde se había apoyado toda su vida.
La vio soltar lágrimas calladas, que secó con las manos. Observó cómo los ojos claros de su mujer se enrojecían. Ella seguía sin decir nada.
Rafael sintió la urgencia de aclarar que no le había sido infiel. No mentía.
Le contó que unos días atrás se había cruzado por casualidad con Leticia, su primera novia. También le contó que tomaron un café, y luego otro y otro, y así se les fue el tiempo, hablando de otros tiempos, mejores tiempos.
Además, detalló que se despidieron prometiéndose un nuevo encuentro.
Desde ese día no pude dejar de pensar en ella.
Al escuchar esa frase, la mujer dijo que prefería no saber más. Le pidió que se fuera de la casa.
Ahí se hizo presente la desesperación. Se mudó a un hotel modesto esa misma noche. Llamó a Leticia y le dijo que ya no podía verla más. Habló con sus hijos y notó la frialdad que temía.
Vio su vida desde afuera, como si fuese la de otro, y no le gustó lo que vio. Un tobogán interminable lo conducía más abajo cada vez, y por cada metro que descendía perdía de vista un pedazo de su ser. Primero una hija, luego otra, después un nieto… Al fin sólo le quedaban recuerdos. Y en todos estaba Victoria, aunque ya no la amara.
Se propuso volver.
Se sucedieron diálogos sinuosos. Con Victoria y con sus hijas. Todos finalizaban en llanto. Nunca antes había dicho tantas veces la verdad como en esas charlas, pero omitió hablar de amor con su mujer.
Con el paso de los días Victoria fue cediendo, hasta que lo aceptó. No convivieron inmediatamente, pero nació una suerte de afable romance. Prometió e hizo cosas impensadas, hasta que la recuperó. La desesperación lo abandonó justo el día en que regresó a su hogar.
La vida volvió a ser la que había sido, pese al recelo de su mujer. Debía ser cada vez más considerado con ella para evitar el reproche latente.
Se fueron acumulando semanas, volvió la normalidad... y con ella retornó también el hastío. El mismo hastío que sentía cuando se reencontró con Leticia. Entendió que después de las turbulencias las sensaciones se habían asentado y veía nuevamente a Victoria como a una desconocida. Presente en cada capítulo de su vida, sí, pero ajena.
Pocas veces volvió a pensar en Leticia.
Empezó a sentir que la desesperación es como la fiebre que revela una enfermedad. Apenas un síntoma.
Ya no sabía de qué arrepentirse.

18 comentarios:

yo dijo...

tal vez la unica cobardia de rafael haya sido volver a ser valiente... un abrazo mi escritor favorito... y siga pariendo luz...

DINA dijo...

Que bien lo has descrito !! El hastio, la rutina, el tedio, el aburrimiento... todo lo que mata una relación y mata a la persona por dentro lentamente !

Que dificil y peligroso es, y que común !!

Beso y espero tu próximo relato porque me tienes enganchada!!!

manola dijo...

... este me gusto,un beso

Chechu del viejo San Telmo dijo...

Creo que vivir con los sentimientos libres, seguirlos en nuestro andar y sentir con el alma entera, clara, abierta, hacen que uno no ande arrepintiéndose "don Rafael"...

Beso

FLACA dijo...

Ya estaba extrañando un nuevo cuento.Me gustó mucho la forma en que está planteado el conflicto del personaje: si se queda pierde la salida,tal vez tiempos mejores, la aventura,la esperanza,el amor- pasión, una vida nueva y la buscada juventud; si se va se le derrumba el mundo,sabe que va a perder cada pedazo de su ser; el personaje logra verse con objetividad,"desde afuera", y no le gusta lo que ve. Así que elige volver, elige lo seguro,"la columna" en que apoyarse,el amor-paz ,elige los afectos y la compañía,y deja de lado la intensidad y la aventura con Leticia.Un drama común, pero qué fuerte.¿Y cuál es el amor y la felicidad? "Amores que matan -dice Rossana- nunca mueren" y es cierto, pero también es cierto lo que decía De Sanctis a propósito de la Francesca de Dante,"entrégate, entrégate a un amor que no sea más que amor y ya estarás en el infierno".

Helena dijo...

Qué situación tan común, tan frecuente, y tan bien narrada. Me ha encantado. No sabes hasta qué punto agradezco las palabras que dejaste en mi blog, y que me han permitido venir al tuyo y leerte.
Volveré.

¡Saludos!

Alexia dijo...

Hay otra.

Desde ese día no he dejado de llorar...

Hay otra.

Y sólo deseo que vuelva para que ésta vez sea yo quién le diga adios...

Hay otra.

Otra nueva vida que tú formas en tu felicidad aparente.

Hay otra.

Otra cicatriz en mi corazón.

[Inspirado mientras leía la historia de Don Rafael...]

mArXelLa dijo...

Qué hacer cuando aparece la duda? Puede tomar forma de Leticia, de Sandra, de Fedra, de Roberta, de quien sea...el hecho no es en quien encarna; es qué tan convencidos estamos de estar donde estamos...por que como dice una canción "todo lo que termina, termina mal"...pero quedarse por lo que sea, pero que no es amor ni pasión es terriblemente doloroso.
Me gusto, pero busquemos arrepentirnos sólo de lo no hecho.
Saludos

Ludwig dijo...

Quizás su actitud es de miedo al cambio, que es lo que más nos paraliza.
Me ha encantado la historia.
De todas maneras, yo le diría al personaje que para salir del hastío hay que esforzarse un poco.
Un saludo.

Luis

susana dijo...

Estuve un buen rato pensando, después de leer "Síntoma" y finalmente anclé en el análisis del personaje que hizo Luis (Ludwig):"Miedo al cambio".

Muy buen perfil Germán, y trabajado en forma honesta, sin afectaciones. Excelente trabajo.

Muchas Gracias por compartirlo!

Estar latiendo dijo...

Es de una dureza implacable, pero leerlo es maravilloso, tu lírica congela, pone la piel de gallina.
Voy a volver, Ger.
besos:

Ju

Juan Luis Carreras M. dijo...

Muy buen relato.
Me hace acordar el personaje a Franz de la Insoportable Levedad del ser de Milan Kundera, quien aburrido de la monotonía de su relación abandona a su mujer y se va de casa a vivir una aventura, pero así y todo no puede dejar de recordar su vida de años junto a ella.
La costumbre es una forma de enraízar nuestra vida, principalmente cuando como dijo Amado Nervo: "Es mejor ver pasar a la aventura bajo el gran árbol familiar".

Un abrazo Germán.

Anónimo dijo...

QUÉ BUENO!!!!! ME TRAE RECUERDOS... NO MUY LEJANOS. ALGUNA VEZ FUI CÓMO LETICIA, PERO MI RAFAEL, NO SE ATREVIÓ A CONFESARLO. PREFIRIÓ LA RUTINA, EL HASTÍO, EL ABURRIMIENTO; ELIGIÓ Y NO LO CULPO. PERO SÉ QUE, EN EL FONDO DE SU CORAZÓN, TODAVÍA TIENE DUDAS...
SEGUÍ ASÍ GERMÁN, ATRAPANDO ALMAS CON TUS RELATOS TAN CERCA DE LA REALIDAD QUE, A VECES, HASTA ASUSTA. TUS HISTORIAS SON TAN REALES!!! GRACIAS, POR ESCRIBIR TAN SENTIDO Y TAN CLARO. UN BESO. Y UN ABRAZO ENORME. Ausencia.

PIER BIONNIVELLS dijo...

JO! POBRE HOMBRE! Casi siento pena de el!..

Pero cuando la duda te atrapa?

Que hacer?.. volver a lo mismo.. o vivir ese sentimiento nuevo..

Dios!..

El miedo y el no querer cambiar las cosas es nuestro peor enemigo.. más vale la costumbre .. que lo que no se conoce..

buen post.. un abrazo.

Rossana dijo...

EStuve pila de rato escribiendo un comentario y se lo llevó el ciber espacio...Ya no puedo reproducirlo pero trataré. Decía algo así: Me encantó el cuento. Sobre todo el final. Bien resuelto, ni todo abierto, ni cerrado. La extensión es enemiga de la intensidad en un matrimonio. ¿Qué hubiera pasado si Romeo y Julieta hubieran vivido juntos muchos años? Capaz que hubieran usado el veneno de otro modo... Creo en la intensidad, en hacer lo posible para provocarla, pero también creo que el amor está hecho de muy significantes insignificancias cotidianas, que lo profundizan. Me dejás pensando, Germán, muy bueno. Te felicito. Abrazos

Sil.* dijo...

Supongo que es como un "sacudir la modorra". La rutina puede ser cruel y despiadada. Tal vez el personaje necesitaba salir de su rutina para comprobar que en ella, está su cable a tierra.
Me gustó mucho Germán!!

Besos
Sil

sauvignona dijo...

buen gusto tiene tu forma de redactar...tienes muy buenos escritos son llenos de simpleza pero que dicen bastante...he leido unos cuantos...un saludo....

La Maga dijo...

quien no se ha sentido en una situacion como la del protagonista del relato?
creo que muchos...
la rutina se va llevando lo mejor de nosotros casi imperceptiblemente hasta que cuando advertimos su presencia,la toma de una decision que cambie todo es inevitable.
ahi esta en juego nuestra capacidad de cortar con lo que nos condena a una vida rutinaria y esteril