Nosotros, y cuando digo nosotros me refiero a mí mismo y a Ella, tenemos esa sed de vida que distingue a quienes aman. Entonces suceden entre nosotros hechos sublimes, y también de los otros.Nosotros, y la incluyo a Ella por ser parte de mí y no porque compartamos todas las búsquedas, sentimos curiosidad por ciertas cosas que no están debidamente explicadas en ninguna parte. Hay cuestiones cuyas características ameritan una explicación, y sin embargo no hay libros al respecto, ni ensayos, ni cátedras. Nada de nada.
Nos preguntamos, nosotros, cómo es que todo aquel que pisa estas calles, alguna vez, por ejemplo, jugó a la rayuela. Y no recordamos quién nos enseñó a hacerlo, de dónde conseguimos la información necesaria, las reglas, los secretos, las claves, las ganas.
Consideramos una noche, nosotros, Ella y yo, que era necesario llegar a la esencia, descubrir dónde y cómo se enseña a jugar a la rayuela, con sus números y su Cielo.
Nosotros, y cuando digo nosotros me refiero a mí misma y a Él, estamos juntos hoy y desde que estamos juntos hemos visto cómo el mañana, en pocas horas, se transforma en hoy.
Nosotros, y me siento incluida por ser parte de él y no porque comparta esa búsqueda, decidimos hacer el intento de descubrir el misterio de la enseñanza de la rayuela.
Comenzamos por indagar a las personas que están cerca de nosotros, y verdaderamente el fracaso inicial hizo que nuestra necesidad de saber se transforme en desafío. Nadie nos pudo decir quién le había enseñado a jugar a la rayuela, ni recordaba haber tenido en sus manos un libro, un diario, siquiera una mísera hoja de papel, con las instrucciones correspondientes. Pero todos recordaron con nostalgia haber llegado al Cielo alguna vez. Un Cielo lejano hoy, por cuanto nuestros interrogados eran adultos. Pensamos entonces que el paso del tiempo pudo haber producido el mismo efecto que notamos en nosotros mismos: el olvido.
Sintiéndonos más cerca de la verdad decidimos preguntarles a los niños que hoy practican ese juego, confiados en que el misterio estaba a punto de ser develado.
Pero los resultados fueron sorprendentes. No hubo niño que no jugara en la actualidad a la rayuela, o al menos que negara haberlo hecho en el pasado. Pero tampoco hubo tan sólo uno que supiera contar cómo había accedido a su enseñanza.
Desorientados y decepcionados, pero con la curiosidad intacta y creciente, nos retirábamos de la puerta de un colegio sin haber encontrado ninguna respuesta, cuando vimos a un niño, de unos seis años, que nos observaba con ojos sabios desde su pequeñez.
Sin sorpresa nos escuchó, como si nos hubiese estado esperando, dudó un instante, y nos dijo que ese secreto no era difícil de conocer, como todos los secretos.
Nosotros esperábamos una frase reveladora, pero nos aconsejó que olvidáramos el asunto.
“La respuesta está muy cerca de ustedes, pero no la entenderían”.
Nuestros rostros seguramente mostraron la desazón que sentíamos por ver nuestra curiosidad destrozada. Quizás fue por eso que el niño se apiadó de nosotros y se esforzó en ayudarnos.
“La respuesta está muy cerca de ustedes, en la habitación del niño que vive en ustedes”.
Luego ingresó a la escuela, y nosotros quedamos mirándonos, pensativos.
Caminamos un largo rato de la mano, hasta que, repentina y simultáneamente, una ocurrencia nos pareció genial: la respuesta estaba en la habitación de un hijo nuestro.
Fuimos corriendo hasta allí. Y la verdad se nos puso frente a frente, aunque no era la verdad que habíamos soñado encontrar.
En la puerta de la habitación, cerrada, había pegada una hoja blanca de papel, con una leyenda escrita en letras grandes, irregulares y negras:
“Prohibido pasar. Aquí sólo se permiten niños”.
9 comentarios:
Germán.. me gusta tu blog, leeré más seguido, respecto a la rayuela, yo tampoco recuerdo cómo aprendí a jugar... despues de leer el texto recordé sí una frase: .."el perfume de la infancia es un secreto compartido"..
que lindo que te guste. te voy a seguir leyendo.
Me encanta que disfrutes visitándonos. Por cierto yo tampoco recuerdo como aprendía a jugar a la rayuela, pero aún hoy cuando me encuentro con una en las calles, no puedo evitar saltar.
Besitos dulces.
Me gusta mucho tu estilo, no sólo por tu corrección y originalidad al escribir, sino por tu modo de indagar en la esencia de las cosas, de explicar cosas que otra gente da por supuestas...
Gracias por tu visita. Para mí es un honor que mi blog guste a alguien que escribe así.
Saludos.
Sería maravilloso poder acceder a ese secreto y recordar la obtención de las reglas, nuestros movimientos al jugar, los amigos con quienes jugábamos, las risas... pero, sobre todo, la emoción y la pequeña gran felicidad que teníamos al llegar al cielo. Si redescubriéramos esa puerta, quizás descifraríamos cómo tirar la piedra, para llegar a otros cielos. Encuentro en todos tus cuentos una profundización en lo humano que dispara en el lector una reflexión que es bueno que haga. Y además muy bien escritos, con sutileza. Gracias por hacerme pensar y también por tus palabras de hoy. Yo seguiré recorriendo tu blog hacia abajo, además de lo que aparezca arriba, buscando el comienzo de tu rayuela
rossana
ahora si...lo encontre...
ya qse sos machito...
mil besos siepre...
lo sabes.
Los hijos son maestros, sin duda ni duras.
Dulces y amorosos maestros que nos muestran caminos insospechados.
Miranda me ha enseñado tanto, que no podría explicarlo.
Un abrazo amigo, Vale
Es que jugar a la rayuela no es pa' cualquiera, gurí... hay que tener puntería con la piedra, y saber mantener el equilibrio.
Quién te dijo que es fácil llegar al Cielo?
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